
Este último período algunas sábanas se me pegaron a las pestañas, algunos llamados fueron escuchados, alguna pausa pedía posición. Hace tiempo que creo que hace tiempo debería hacerme tiempo para no repetir aquellas cosas que tuvieron su momento, y accionar en fiel dirección hacia algo nuevo, propio. Todos los caminos podrían ser los tuyos, pero el caso es que el tuyo es uno. De todas las ramificaciones voy buscando la rama madre, hasta llegar al tronco, ¿o soy un tronco que se mira las manos? La nostalgia del olor a pino me hace pensar que alguna vez fui una piña enamorada que cayó y fue arrollada por un carro, y luego las llamas. Sé que al principio y al final están las cenizas, entonces lo que quiero dar es el aire y luego la materia que vuele y deje lo importante. Trabajaré más, y con más detenimiento; tengo canciones que grabar, ideas que ordenar, métodos que ajustar. Confío en este rompecabezas que se mueve con el fruncido del ceño, la perspicacia o el aprendizaje cuidadoso. Iré expresando en este espacio el espontáneo latir, cual mordisco que desaparece en la carne pero deja su imperecedera impresión. Lo que respiro vuelve al aire transformado. He aquí esta interpretación, esta experiencia en sus infinitas formas.
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